El poeta evoca una dona estimada, llunyana ja, present en
el record, amb imatges nostàlgiques, potser tristes, però sempre plenes de tendresa.
Me estás haciendo llorar con tu recuerdo.
Me sube hasta los ojos,
duda, vacila, y cae
Me sube hasta los ojos,
duda, vacila, y cae
como una infanta de la almena al foso.
Porque recuerdo que tenías diecisiete años,
y todos de oro.
Y los pechitos te temblaban
como las hojas del chopo.
Y las sandalias que te ponías en la primavera,
pececitos rojos.
Y la cinta de
tu combinación, en corro.
Me estás hiriendo con unas alas tan frágiles.
¿Quién ha roto la brisa,
esta seda del aire, en el recuerdo,
quién la deshila?
Porque pregunto, y nadie me responde,
por una cosa que fue mía,
y estoy arrancando días y noches
de mi vida,
para que no me hagan llorar más
unas láminas amarillas
en las que tú, una mañana de primavera,
apareciste, con las sandalias de niña.
Blas de Otero
Porque recuerdo que tenías diecisiete años,
y todos de oro.
Y los pechitos te temblaban
como las hojas del chopo.
Y las sandalias que te ponías en la primavera,
pececitos rojos.
Y la cinta de
tu combinación, en corro.
Me estás hiriendo con unas alas tan frágiles.
¿Quién ha roto la brisa,
esta seda del aire, en el recuerdo,
quién la deshila?
Porque pregunto, y nadie me responde,
por una cosa que fue mía,
y estoy arrancando días y noches
de mi vida,
para que no me hagan llorar más
unas láminas amarillas
en las que tú, una mañana de primavera,
apareciste, con las sandalias de niña.
Blas de Otero
"Ancia"

















